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Una carta a…. el amigo de la infancia del que me enamoré

adolescente

Lo fuiste todo para mí, hace mucho tiempo. Inteligente, divertido, bello, talentoso, de mal genio y testarudo, generoso, y con un enorme punto débil para un desvalido. Fuiste la primera persona que me hizo sentir importante. Siempre me has entendido. Eras mi mejor amigo.

¿Puedes culparme por pensar que estaríamos juntos para siempre? Durante toda mi infancia fuimos gruesos como ladrones, inseparables. Los profesores solían confundir nuestros nombres, aunque no nos parecíamos en nada. ¿Fue tan ingenuo de mi parte no poder imaginar mi vida de otra manera?

A los 14 años, sabía que estaba enamorado de ti. Pasé años diciéndome a mí misma las cosas que hacen los adolescentes gays – que era sólo una fase, un enamoramiento tonto que pasaría con el tiempo. No lo hizo. A los 17 años, sabía sin lugar a dudas que tú no sentías, ni podías sentir lo mismo por mí.

No fue hasta los 20 años que pude reconocer que mis sentimientos tácitos y no correspondidos estaban destruyendo lentamente nuestra amistad, y que eventualmente destruirían toda mi vida si los dejaba.

Decidir romper contigo fue lo más difícil que he hecho en mi vida. No tenía ni idea de cómo vivir sin ti. ¿Quizás estabas confundido sobre por qué, o tal vez fue mutuo todo el tiempo? ¿Quizás usted también se dio cuenta de que esta relación no podía continuar como hasta ahora?

Usted podría preguntarse por qué nunca le dije cómo me sentía, en lugar de forzar esa lenta y dolorosa separación. Supongo que estaba avergonzado. Supongo que tenía miedo. Pero sobre todo, creo que me avergonzaba no poder ser una persona más fuerte y mejor para ti; que había traicionado tanto nuestra amistad. No hemos hablado en más de cinco años. Me pregunto cuánto tiempo te llevará dejar de aparecer en mis sueños.

Ahora tengo una buena vida -amigos, un trabajo que amo, una novia- y soy muy feliz, pero todavía deseo que las cosas hubieran sido diferentes, a veces. Ojalá hubiéramos podido crecer juntos, como siempre habíamos planeado. Pero creo que, al final, nunca hubiéramos podido ser lo que el otro necesitaba que fuéramos. Ambos merecíamos algo mejor que eso.
Espero que seas tan feliz como yo. Y más que nada, espero que nunca pienses en mí.

Una carta a…. el amigo de la infancia del que me enamoré
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